Tribus de las montañas, encantadoras y hospitalarias

Una amplia red de minorías étnicas viven en el sudeste de Asia repartidas por el territorio en pequeñas comunidades. Con pocas excepciones, nunca han ocupado posiciones dominantes en la región, por lo que se han visto obligados a migrar con frecuencia.

Estas tribus representan más de un millón de personas en Tailandia y se distribuyen entre unos 40 grupos étnicos diferentes. Representan una oportunidad maravillosa para que los viajeros se familiaricen con formas muy diferentes de pensar y vivir, enriqueciendo así su propia experiencia vital.

Más abajo dispone de un bonito vídeo sobre ellas.

La más conocida es la tribu Padong debido a los anillos de latón dorado que llevan las mujeres de 'cuello largo' o 'jirafa', una tradición inusual que hoy también es un eficaz gancho comercial.
La mayoría de los habitantes Padong viven en la vecina Myanmar y solo hay unos pocos en Tailandia, así que se puede imaginar lo que sucede cuando cientos de turistas acuden a verlos. Afortunadamente, puede visitarlas así como a otras muchas comunidades.

Para dar un ejemplo, permítanos presentarles algunas de ellas:

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Arriba. Foto grande: chicas Lahu.
Pequeñas. Fotos de izquierda a derecha: niñas Padong, familia Akha, familia Shan.

TRIBU LAHU, el cristianismo derrotó al animismo, aunque no del todo
Debes prestar atención a todos los espíritus, a los que tienen que ver con tu familia y tribu y también con quienes compartes el territorio, ya sean espíritus protectores o malvados porque de lo contrario puedes enojarlos y podrían terminar causando enfermedades entre los miembros de la comunidad.

Las gallinas y los cerdos siempre habían sido las víctimas en los sacrificios y ofrendas a los espíritus.
Pero un día llegó un predicador con medicinas para animar a los lahu a ir al hospital cuando enfermaban, y este fue el primer paso para comenzar a perder la fe en el poder de los espíritus y creer no tanto en la ciencia como en Jesucristo y en los ángeles.

TRIBU KAREN, los colores vienen después del matrimonio
Las jóvenes karen tradicionalmente vestían ropas blancas de solteras y nunca después de casarse. Se preguntó a una mujer llamada Subaen sobre lo que sucedería si una mujer casada vistiera ropas blancas y respondió que sería una ofensa para los espíritus de sus antepasados, en particular, para su abuela y que sería devorada por un animal salvaje.

Si este es el riesgo y su pueblo está rodeado por la jungla, probablemente una lo pensaría dos veces antes de romper con la tradición.
Pero en estos días no queda mucha jungla y la novedad prevalece con frecuencia sobre las costumbres tradicionales.

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Arriba, tribu Karen.

LA TRIBU LISU y la celebración del Año Nuevo
Ali-ya tiene 18 años y todavía vive con sus padres porque es soltera. En el pueblo van a celebrar el Año Nuevo, uno de los principales festivales.
Ella nos dice que las personas que viven lejos de la aldea regresan para ver a sus familiares mayores y también para disculparse si han hecho algo mal durante el año. Muchos jóvenes también regresan para conocer a las chicas del pueblo y quizás entablar una nueva relación.

Visten prendas tradicionales y bailan en grupo alrededor de un árbol en el centro de la plaza.
Ali-ya explica que 'para los Lisu, si vuelves a la aldea para compartir una comida de arroz de cosecha nueva con tu familia, entonces sabrás que has hecho la mejor obra del año'.

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Arriba, tribu Lisu.

LA TRIBU SHAN
Los Shan provienen del sur de China y viven principalmente en Myanmar, en el estado que lleva su nombre, aunque existen comunidades diseminadas por todo el sudeste de Asia.
Sus aldeas están ubicadas cerca de los bosques de donde obtienen buena parte de sus recursos. Sus fuentes tradicionales de sustento son el cultivo de arroz y la artesanía.
En cuanto a sus creencias, el culto a los espíritus y el budismo Theravada conviven uno al lado del otro.
Compartir parte de sus vacaciones con una familia Shan es una experiencia única.

LOS GITANOS DEL MAR
Los gitanos vivían a lo largo de la costa del mar de Andamán mucho antes de que los turistas lo descubrieran como un destino excepcional. Gentiles y amables, los gitanos del mar se ganan la vida pescando y recogiendo bayas, raíces, tubérculos en los bosques junto con los comestibles nidos de vencejo.
Como muchos otros habitantes de Tailandia, creen en la existencia de espíritus buenos y espíritus malignos, fuerzas sobrenaturales que condicionan la naturaleza y sus vidas.
 

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Arriba, foto grande: niño Shan.
Pequeñas fotos, de izquierda a derecha: familia de Gitanos del Mar, pareja Lahu, hombre Shan.

Ahora tiene dos opciones, puede seguir leyendo o se lo podemos contar en el siguiente video. ¡No se lo pierda!

Bangkok es una etapa irrenunciable para cualquiera que venga de vacaciones a este país, a partir de aquí tenemos que orientar el viaje según nuestras preferencias. Una de las opciones que disponemos es visitar las ya populares tribus de las montañas.

En Tailandia se encuentran 38 grupos étnicos, desde los Akhas y Lisu siempre presentes en Khaosan Road, pasando por los escasos aunque famosos Padong en las montañas junto a Myanmar, hasta los gitanos del mar en el sur del país.
Un variopinto collage de minorías que juntas suman algo más de un millón de habitantes. Cada una habla su propia lengua y tiene rasgos culturales específicos.

Los primeros humanos de nuestro linaje colonizaron el sudeste asiático hace unos 50.000 años, procedentes de África . A partir de aquí se produjeron sucesivas oleadas de grupos migratorios en distintas direcciones. Los cruces se alternaron con periodos de aislamiento resultando finalmente la extraordinaria variedad étnica que hoy conocemos.
En el caso concreto de Tailandia, muchos de los que hoy residen aquí se han visto obligados a desplazarse en los dos últimos siglos por causa de las guerras o por la presión de otros pueblos con más poder. En este sentido, merece la pena destacar la buena acogida que este país les ha proporcionado, llegando incluso a ofrecer tierras en propiedad a muchos de ellos.

A veces se les nombra como tribus de las montañas y si bien muchos siguen habitando esos territorios, también podemos encontrarlos en las planicies centrales, en el este de Tailandia, en torno a Bangkok y en las costas del sur.

La mayor parte de ellos viven de la agricultura, siendo el arroz la base de su alimentación, así que buena parte de su universo cultural y vida social giran en torno a la tierra y sus ciclos.

Si le interesa conocer un poco mejor estas tribus, lo primero que podemos decirle es que es muy conveniente explicárselo a su proveedor local de servicios turísticos. No es fácil resolverlo con garantías desde otro país, ni podemos ofrecer reglas generales.
Desde luego que es posible un acercamiento más personal, pero depende de cuándo tiene pensado venir, del tiempo disponible, de sus circunstancias particulares y de otros muchos factores.

¿Y qué expectativas puede crearse?
Si espera encontrar pueblos primitivos a la manera del tópico, no va a ser fácil.

Tiene que pensar que en los últimos 50 años los productos tecnológicos han alcanzado ya todos los mercados locales, también en Tailandia, y que la misma llegada del turismo ha contribuido a cambiar el entorno y sus condiciones de vida. A primera vista se comprueba que muchas casas han pasado de construirse de madera y hojas de palma a hacerlo con ladrillos y tejados de chapa, y que los teléfonos móviles son un producto de consumo generalizado.

En la manera de vivir de estas gentes se produce una tensión entre dos polos. Por un lado, tienen un estilo de vida y organización social propio, una personalidad única que intentan preservar, y, por otro lado, ya no viven en un mundo aislado, sino que cada vez se ven más influenciados por la dimensión global de la sociedad, y además tienen la obligación de respetar las normas sociales fundamentales del país que les acoge. Adaptarse significa necesariamente cambiar. 

El primer polo podrá observarlo -por ejemplo- en sus ocupaciones tradicionales, en los trajes típicos de cada tribu -especialmente de las mujeres-, en las costumbre relativas a la alimentación y en sus creencias, hábitos y juegos.
El segundo polo, en el otro extremo, se advierte muy bien en los centros educativos, que se rigen por el sistema local tailandés y que con frecuencia responden a modelos culturales y religiosos importados.
Si tiene ocasión, no deje pasar la oportunidad de visitar una escuela. Son gente hospitalaria y si el momento es el oportuno serán muy bien acogidos.

Si le resulta atractivo compartir parte de su tiempo con alguna de estas comunidades, puede incluir en su recorrido las provincias de Chiang Rai, Chiang Mai o, muy especialmente, Mae Hong Son. Todas en el norte del país.

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